Mirá, te voy a contar algo que probablemente ya sabés si usás computadoras: Windows 11 no le cae bien a casi nadie. Y no es que la gente se queje porque sí. Hay razones de peso.
En teoría, Windows 11 llegó con todo: esquinas redondeadas, mejor gestión de ventanas, un diseño más moderno. Pero en la práctica, es como cuando te prometen una casa nueva y terminás viviendo en un departamento con menos espacio y más problemas.
El menú de inicio: un desastre centrado
Empecemos por lo obvio: el menú Inicio. Microsoft lo movió al centro de la pantalla, como si fuera un iPhone. El problema es que Windows no es un teléfono.
Antes, en Windows 10, tenías todo a mano: lista alfabética de aplicaciones, los Live Tiles que te mostraban info útil del clima o tus correos, acceso rápido a configuración. ¿Ahora? Una cajita con íconos, apps «recomendadas» que nunca pediste, y un botoncito escondido que dice «Todas las aplicaciones».
Es como si te hubieran mudado todos los muebles de lugar en tu propia casa. Podés adaptarte, claro, pero ¿por qué deberías?
La barra de tareas que te saca de quicio
Acá es donde la cosa se pone fea. La barra de tareas de Windows 11 perdió funciones que tenías hace años. No podés arrastrar archivos entre aplicaciones usando la barra. No podés moverla a los costados de la pantalla.
Dave Plummer, el tipo que creó el Administrador de tareas (sí, ese que usamos cuando todo se tilda), dijo algo clave: Windows 11 trata a todos los usuarios con «modo mitones», como si fuéramos principiantes que no sabemos lo que hacemos.
Los usuarios avanzados terminan instalando programas de terceros solo para recuperar funciones básicas que ya tenían.
Requisitos de hardware que no tienen sentido
Microsoft puso requisitos super estrictos para instalar Windows 11. Necesitás un procesador relativamente nuevo y, sobre todo, TPM 2.0 (un chip de seguridad).
Computadoras que funcionaban perfecto con Windows 10 quedaron afuera. ¿El resultado? Millones de máquinas que podrían correr Windows 11 sin problemas, pero Microsoft dice que no.
Y sí, hay formas de saltarse estos requisitos, pero ¿por qué deberías hacer malabares para instalar un sistema operativo en tu propia computadora?
Publicidad en tu propio sistema operativo
Esto es lo que más molesta. Windows 11 se convirtió en un canal de ventas para Microsoft. Te sugiere que uses Edge cuando elegiste otro navegador. Te muestra apps «recomendadas» en el menú Inicio (que en realidad son anuncios pagos). Te bombardea con notificaciones de OneDrive.
Como dijo Plummer: «El sistema operativo se siente como un espacio publicitario para todas las propiedades de Microsoft». Y no se equivoca.
Pagaste por una computadora. Pagaste (o te vino incluida) una licencia de Windows. ¿Y encima tenés que bancar publicidad en tu pantalla? Es como comprar un auto nuevo y que te pongan stickers de propaganda en el parabrisas.
El menú contextual escondido
Hacés clic derecho en un archivo esperando ver todas las opciones. ¿Qué te muestra Windows 11? Un menú simplificado con cuatro opciones y un botón que dice «Mostrar más opciones».
O sea, te obligan a hacer dos clics para llegar a donde antes llegabas con uno. ¿Quién pensó que esto era una mejora?
Telemetría y privacidad
Windows 11 recolecta datos de todo lo que hacés. Y aunque podés desactivar algunas opciones de telemetría, nunca podés apagarla del todo.
Cada vez más gente se está yendo a Linux precisamente por esto: porque querés sentir que tu computadora es tuya, no un terminal de recolección de datos para Microsoft.
Actualizaciones forzadas
Las actualizaciones automáticas siguen siendo un dolor de cabeza. Podés pausarlas por un tiempo, pero no podés evitarlas completamente. Y seguís sin poder evitar los reinicios automáticos.
Imaginate estar en medio de algo importante y que la computadora decida que es momento de actualizarse. Frustrante, ¿no?
Rendimiento irregular
Muchos usuarios reportan que Windows 11 es más lento que Windows 10 en la misma máquina. Con 16 GB de RAM, hay gente que tiene que cerrar Teams para poder abrir Word. Eso no debería pasar.
El sistema operativo consume recursos en segundo plano con procesos que vos no instalaste y que no podés desinstalar fácilmente.
¿Y entonces?
Windows 11 sobre el papel suena increíble. Pero la experiencia real es otra cosa. Es un sistema operativo que te quita control, que te llena de publicidad, que esconde opciones que antes estaban a la vista, y que te obliga a adaptarte a decisiones de diseño que nadie pidió.
No es que la gente odie el cambio. Es que este cambio particular se siente más como un retroceso.
Microsoft podría arreglar todo esto con un «modo experto» que desactive sugerencias, unifique la configuración, y devuelva el control al usuario. Pero va a necesitar que alguien tenga los huevos de priorizar la confianza del usuario por sobre las métricas de clics.
Porque al final del día, como dice Plummer: la confianza vale más que cualquier métrica de clics.
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